REFLEXIÓN PARA ESTA SEMANA DE CUARESMA. B

ACTITUDES CUARESMALES

Por Javier Leoz

Símbolos de la cuaresma

La cuaresma es DESIERTO: es sequedad, soledad, ayuno, austeridad, rigor, esfuerzo, penitencia, peligro, tentación. La cuaresma es PERDÓN: Las historias bíblicas de Jonás y de Nínive y la parábola del hijo pródigo, son ejemplos de ello. La cuaresma es ENCUENTRO: es abrazo de reconciliación como en la parábola del hijo pródigo o en la conversión de Zaqueo o en el diálogo de Jesucristo con la mujer adúltera.

La cuaresma es LUZ: como se pone de evidencia, por ejemplo, en el evangelio del ciego de nacimiento. Es el tránsito de las tinieblas a la luz. Jesucristo es la luz del mundo.

La cuaresma es SALUD: símbolo manifestado en textos como la curación del paralítico o la sanación del hijo del centurión.

La cuaresma es AGUA: es el tránsito de la sed de nuestra insatisfacción al agua viva, el agua de Moisés al pueblo de Israel en el desierto o de Jesús a la mujer samaritana.

La cuaresma es LIBERACIÓN, TRIUNFO: es superación victoriosa de las pruebas y dificultades. Algunas figuras bíblicas, que sufren graves peligros y vencen en la prueba, son José hijo de Jacob, la casta Susana, Ester, el profeta Jeremías y, sobre todo, Jesús, tentado y transfigurado. La cuaresma es CRUZ: signo y presencia permanente durante toda la cuaresma. Prefigurada en el Antiguo Testamento y patentizada con el ejemplo de Jesucristo y como su llamada cargar con ella como condición para el seguimiento.

La cuaresma es TRANSFIGURACIÓN: es la luz definitiva del camino cuaresmal, preanunciada y pregustada en la escena de la transfiguración de Jesús. “Por la cruz a la luz”.

La cuaresma es el ESFUERZO por retirar el fermento viejo e incorporar la LEVADURA NUEVA DE LA PASCUA RESUCITADA Y RESUCITADORA, ahora y para siempre.

Conversión cuaresmal

Convertirse es recordar que el Señor nos hizo para sí y que todos los anhelos, expectativas, búsquedas y hasta frenesíes de nuestra vida, sólo descansarán, sólo llegarán a su plenitud, cuando volvamos a El.

La conversión es la llamada insistente de Dios a que asumamos, reconozcamos y purifiquemos nuestras debilidades.

La conversión es ponernos en el camino de rectificar los pequeños o grandes errores y defectos de nuestra vida, con la ternura, la humildad y la sinceridad del hijo pródigo.

La conversión es entrar en uno mismo y tamizar la propia existencia a la luz del Señor, de su Palabra y de su Iglesia y descubrir todo lo que hay en nosotros de vana ambición, de presunción innecesaria, de limitación y egoísmo.

La conversión es cambiar nuestra mentalidad, llena de eslóganes mundanos, lejana al evangelio, y transformarla por una visión cristiana y sobrenatural de la vida.

La conversión es cortar nuestros caminos de pecado, de materialismo, paganismo, consumismo, sensualismo, secularismo e insolidaridad y emprender el verdadero camino de los hijos de Dios, ligeros de equipaje.

La conversión es examinarnos de amor y encontrar nuestro corazón y nuestras manos más o menos vacías. La conversión es renunciar a nuestro viejo y acendrado egoísmo, que cierra las puertas a Dios y al prójimo. La conversión es mirar a Jesucristo y contemplar su cuerpo desnudo, sus manos rotas, sus pies atados, su corazón traspasado y sentir la necesidad de responder con amor al Amor que no es amado.

Y así, de este modo, la conversión, siempre obra de la misericordia y de la gracia de Dios y del esfuerzo del hombre, será encuentro gozoso, sanante y transformador con Jesucristo.

Convertirse en hombres y mujeres de paz

• Amarás a Jesús porque es el “amigo que nunca falla” y es tu camino, tu verdad y tu vida. No lo concebirás como una “fría idea”, como “algo conceptual”, sino como alguien, como una persona entrañable, íntima y cariñosa. No será para ti un Dios farmacia, adonde acudes cuando te duele algo y sólo cuando te duele algo. Verás a Jesús como “el hombre que más ha amado, del modo más consciente, más voluntario y más gratuito”. Meditarás su testamento: “No hay mayor prueba de amor que dar la vida por aquellos a quienes ama”. Y él la dio “a tope”, “hasta el extremo”.

• Nunca pensarás que Jesús vino a condenar el amor, sino a decirte que “el amor sin falsificaciones” es la señal inequívoca de los suyos.

• Dirás al mundo que Jesús es quien mejor enseña a descubrir la dignidad de la persona humana. Serás un hombre auténtico cuando hayas tenido una experiencia fuerte de la persona de Jesús. Cuando conozcas en profundidad a Jesús, tu actitud será plena donación, no un “préstamo barato”. Sólo Jesús te hará completamente libre, pues sólo él es tu libertador. Cuando estés totalmente identificado con Cristo te será fácil “gastar tu vida por los demás”.

About these ads
Esta entrada fue publicada en REFLEXIONES Y MEDITACIONES. Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s